Olvídate del todo o nada
Pensar que en vacaciones “ya da igual” lleva a excesos que luego cuesta revertir. No necesitas ser perfecto: con mantener algunos mínimos evitas retrocesos y vuelves sin culpa.
Unos mínimos que merece la pena mantener
- Empieza el día con un desayuno con proteína (huevos, yogur, fruta) para llegar con menos hambre a la comida.
- Incluye verdura o fruta en la mayoría de comidas, aunque comas fuera.
- Mantente activo de forma natural: caminar, nadar, alquilar bicis, hacer turismo a pie.
- Hidrátate bien con agua, sobre todo cuando hace calor.
Disfruta de la comida local sin culpa
Probar la gastronomía del sitio es parte del viaje. Hazlo de forma consciente: elige lo que de verdad te apetece, saboréalo sin prisa y comparte raciones para probar más cosas sin acabar lleno.
Cuidado con el alcohol
El alcohol son calorías vacías y, además, abre el apetito. En vacaciones es fácil que se cuele en casi cada comida, así que cuanto menos, mejor: que el agua siga siendo tu bebida principal.
Quédate con esto
No hace falta hacerlo perfecto, solo ser constante. Quince días de vacaciones no echan a perder meses de trabajo; lo que de verdad pesa es lo que haces el resto del año.
La vuelta sin dramas
Al volver, no te castigues con dietas extremas ni detox. Retoma tus horarios, llena la nevera de comida real y vuelve a tu rutina de actividad. En pocos días tu cuerpo se reajusta solo.
Si te cuesta volver a la rutina
A veces lo difícil no son las vacaciones, sino recuperar el hábito después. Si cada verano sientes que empiezas de cero, trabajar la alimentación de forma sostenible en consulta ayuda a que el progreso no dependa del calendario.


